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El hambre y la discriminación tienen bandera en Colombia

Por Lilia Solano
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El reciente símbolo patrio es un trapo rojo que recorre los barrios colombianos, ondean estas banderas en las casas cada vez más numerosas, a pesar de que la esposa del presidente estaba invitando a que fuera la bandera colombiana la que se pusiera en las ventanas, como si esta fuera una de las fiestas patrias a celebrar, o cuando celebramos el triunfo de la selección Colombia, que es cuando generalmente en forma muy efusiva la bandera recorre las calles.

El trapo rojo símbolo de pobreza

El trapo rojo es la voz de la pobreza, es la botella que el náufrago lanza al mar pidiendo auxilio. De poco han servido las súplicas por comida en medio del encierro del coronavirus, que sacó a la luz la situación devastadora de millones de personas en todo el país que no tienen comida.  El trapo rojo es un grito desgarrador y doloroso que muestra el alma de la pobreza.  Comenzó en el sector de Soacha, pegado a Bogotá, donde viven miles de personas desplazadas del conflicto armado y que, huyendo de la violencia, llegaron a enfrentar la pobreza y la marginalidad, tan tristemente célebre para quienes no son colombianos. Fue allí donde fueron reclutados por el ejército muchachos muy pobres a quienes les ofrecieron una oportunidad de empleo y posteriormente fueron encontrados asesinados y vestidos de guerrilleros: los trágicamente conocidos como “falsos positivos”.

Según los expertos, en Bogotá alrededor del 49% de la población sobrevive como vendedores ambulantes, el rebusque y la informalidad. Son personas que madrugan cada día a buscar literalmente el pan cotidiano. Muchos de ellos padecen pobreza extrema, entre ellos miles de venezolanos que llegaron al país y engrosaron muchos de estos sectores de marginalidad.  A raíz de los decretos, estos ciudadanos no han podido salir a buscar el sustento y muchos afirman que “podría morir más gente de hambre que de coronavirus”. En la mayoría de ciudades y en el campo la situación es la misma, e inclusive se han sumado algunas de las alcaldías pidiendo que el gobierno nacional agilice las ayudas paliativas. 

El trapo rojo no es solo el llamado a la solidaridad. Es fundamentalmente la vergüenza para un Estado que aparenta en los medios masivos de comunicación tener el control de la crisis generada por el coronavirus, mientras ignora la enorme bandera que crece y hace audible su protesta frente a la desigualdad y al aplastamiento de la dignidad de los seres humanos. Es una bandera que desnuda un Estado indolente empeñado en salvar a los bancos y al sector financiero mientras que ignora las necesidades de la gente, y no tan solo ahora, sino a tono con lo que parece ser su modus operandi.

El rojo y las protestas sociales

Hay que  recordar que las banderas roja son un símbolo de Colombia. Los trapos rojos han acompañado las protestas y los cacerolazos que, en el sector de Ciudad Bolívar en la capital, han sido la respuesta a la represión por parte de la policía antidisturbios, que incluso dispara contra la multitud que protesta. Los más jóvenes de los sectores más pobres son vistos con desprecio y se les discrimina por su condición de miseria.  Además de la angustia por un pan cotidiano que parece no llegar, se debe subrayar el drama de la vivienda. Una alternativa que, por ser marca del desespero ahonda el drama de un derecho básico no reconocido, es lo que se conoce como los “pagadiario,” que son hoteles o casas en las que, personas que viven en la marginalidad, pagan por dormir cada noche gente. Los dueños de estos lugares, en muchos casos, forman parte de las redes de microtráfico y no es clara la vinculación de la policía con este negocio en donde se impone la discriminación y la violencia sin que se le ponga límite.

El trapo rojo, por lo tanto, es ahora no solo el símbolo del hambre; es también la bandera de la desigualdad y de la vergüenza de la brecha entre ricos y pobres.  Desde antes del virus el desempleo ya venía en crecimiento, el asesinando líderes sociales seguía en total impunidad, la corrupción era ya rampante. Ahora, en esta decisión de confinamiento, la ciudadanía se ahoga cada día con hambre y a margen de medidas que beneficien al sector financiero.

La bandera roja simboliza la sangre derramada en este país, a la que se suman la muerte por falta de alimentos y acceso a la salud, el derroche de la violencia contra los más débiles, la falta de transformaciones estructurales, la perpetuación de la brecha entre ricos y pobres.  No solo es una crisis por el confinamiento. Es el peso de la historia. Sus responsables tienen nombre y apellido.

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