La ciudad vuelta estiércol

Lavando el estiércol. Cortesía.

El alcalde de Cartagena William Dau chamat, durante su campaña a la alcaldía, se auto denominó el “TRACTOR”, esta palabra según el Diccionario de la Real Academia: “el término en español se tomó directamente del inglés tractor, que a su vez procede del latín tractus, de trahĕre, (arrastrar)”.

En la realidad no tengo claro si el “arrastre”, del tractor en la mente del Alcalde, está dirigido hacia el futuro, la prosperidad, el progreso, el bienestar, o nos está arrastrando al caos, la destrucción y a la muerte como muestran los hechos, que vivimos a diario. 

William Dau Chamat, en su corta campaña a la alcaldía de Cartagena, se caracterizó por sus vehementes ataques anti corrupción, contra míticos personajes de la vida pública de la ciudad y el excelentísimo señor gobernador de turno.  El entonces candidato, vociferando en los medios y con mensajes en las redes sociales, fue ganando acogida y los votos de un pueblo cansado de la corrupción lo llevaron al poder con una mayoría absoluta y la esperanza de ver a los corruptos tras las rejas.   

Han pasado cuatro meses y unos días, poco tiempo para borrar de la historia de la ciudad, el saqueo y las malas gestiones, que hicieron los burgomaestres, que pasaron por el palacio de la aduana en años anteriores, la falta de autoridad, de hospitales, de infraestructura, embargos, líos judiciales, la cantidad de OPS injustificadas, el endeudamiento del Distrito no es culpa del “tractor Dau”.  La ciudad está vuelta estiércol, desde hace muchos años. 

El tractor Dau, podrá ser un soberbio, sin discurso, grosero y mal hablado, pero no es un “tumbón”, es un tractor sin fuerza, sin arrastre;  apuesto que su salida de la alcaldía, no será por los motivos de Manolo, de Campo, ni de Quinto, el caerá por omisión, como le pasó a Joaco Berrio, cuando fue gobernador y por no pagar los mercados en mal estado, a sabiendas que provenían de contratos dudosos, por demostrar su lucha anticorrupción, fue destituido. 

En casi cinco meses, “el tractor” Dau, no ha podido probar sus afirmaciones, contra los personajes que acusó durante su campaña, la Fiscalía y la Procuraduría no le ayudan a demostrar que su discurso anti corrupción era cierto, en el tema de perseguir a los corruptos sin tregua el arrastre del tractor ha sido muy débil, las fuerzas ya no son las mismas tal vez sean nulas. Una cadena de tutelas lo ha obligado a retractarse de sus acusaciones infundadas, para con las autoridades. Ahora pelea con sus funcionarios y con los concejales, el tractor, NO SABE DE GOBIERNO, ni conoce que para gobernar el gobernante debe gobernarse a sí mismo, (¿Quién, entonces, es una persona madura? Sólo quien es capaz de dominar su lengua y de dominarse a sí mismo). Dice Santiago 3:2 la grosería, la falta de auto control demuestran su debilidad, su inmadurez está comprobada si le hacemos caso a la cita bíblica.

Tractor ya es hora que le ponga toda la potencia y saque a la ciudad del estado en que se encuentra, si le queda grande hágase a un lado, presente su renuncia al Presidente, no le puedo pedir que extermine el Coronavirus, porque ese es trabajo para los científicos, pero sí le exijo que le declare la guerra a la delincuencia. No es justo que en época de restricción a la movilidad, ciudadanos mueran en las calles a manos de la delincuencia, como ocurrió con el joven Zapata, en el barrio Martínez Martelo y viene ocurriendo durante la pandemia en otros sectores de la ciudad;  saque a la Infantería De Marina a patrullar las calles, a toda la Policía, póngale control a la ciudad retire las armas de las calles y denos seguridad.

Alcalde Dau, empiece a cumplir con sus promesas de campaña, y honre el nombre de su movimiento “salvemos a Cartagena” no permita que terminemos envueltos en el estiércol, su ineptitud y su inexperiencia, combinadas con su grosería y falta de prudencia, puede causar más daño a la ciudad, que los corruptos que han pasado por su cargo.  Una cosa es que se pierdan por la corrupción los recursos y otra que el pueblo pierda la vida.  

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Sobre el Autor

Oscar Eduado Borja