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Carlos Rodado, un estadista

Por Senen González
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En el año 2005 Llegue a la ciudad de Barranquilla para dirigir el Departamento de Seguridad Das, hoy extinto, gracias a la creencia que se tiene, que la corrupción se termina, eliminando las instituciones. De ser así, pocos nombres de capitales existirían en Colombia y desde luego, se acabarían, lo más sagrado que puede tener el país: LAS CORTES DE LA JUSTICIA y EL CONGRESO DE LA REPÚBLICA.

Pues bien, llegué a una ciudad, que no fue ni ha sido esquiva a recibirme, antes por el contrario se abrieron las puertas del buen recibo. Me posesioné ante Carlos Rodado Noriega,Gobernador del Departamento del Atlántico, una figura eminente, proba, sana, temerosa de Dios, con quien se daba el lujo este bello Departamento, al tenerlo como su mandatario, precisamente en tiempos en que la corrupción, estaba en el punto de cima. Naturalmente, yo sabía quién era Carlos Rodado, y mucho más, estaba enterado de sus capacidades intelectuales como también lo veía como una figura presidencial que honraría el nombre del Caribe Colombiano, y desde luego también como un fiel reemplazo de don Rafael Nuñez. Lo que no conocía, era su humildad, su sencillez, que me confirmó, al tratarlo personalmente.

Me convencí, que no solamente era un hombre de gran talento, sino un sabio. Si, porque los sabios son humildes, sencillos. Allá llegue a su despacho para presentar mis credenciales y protocolizar mi gestión de mando ante el, y por ende, ante el numeroso pueblo del Atlántico. . Yo llegue con saco y corbata, el lucia solo corbata. Muy amablemente se me acercó, y…como si nos hubiéramos conocido de largos años atrás, me dijo: Senén, yo deje mi saco en casa, ¿podríamos aparecer sin este? Ante esa actitud tan familiar, casi que le respondo con mi sentido del humor de la cual también goza el Dr Rodado: al pensar responderlo al compás de la canción: Gobernador, es que tengo la camisa rota! Pero no, solo me reí de complacencia. A partir de ese momento inicié mi gestión en armonía con él, lo que se reflejó sobre otras instituciones del Estado, que estaban resentidas con el DAS por el estilo temperamental de quien en ese momento ocupaba esa dirección. Mi amistad con el Dr Rodado, fue creciendo, hasta el punto, que departí un buen vino, y varias veces en su casa, en compañía de su esposa y en ese entonces yo con la mía, gozando de unas charlas formidables de cultura general. De su experiencia en la china, y en los países que había visitado. Hablamos de política, de Filosofía, de música, de encomia y de mi tierra Cartagena, que conoce como la palma de su mano, y porque siente por nuestro corralito de piedra un especial afecto, lejos de los egos que distanciaron las dos ciudades en tiempos en que el deporte, en lugar de unir, quienes los transmitían nos distanciaban.

Ayer, como es usual lo llamé para saludarlo. No me comuniqué, pero al poco tiempo recibí la devolución de su llamada a la mía. Conversamos y, me participó y me envió la entrevista que le hiciera la Revista Arcadia, sobre una interesante obra que tituló: COMO SE HIZO EL ESPAÑOL. Con el solo título, fue suficiente, para volver a ver en acción al hombre escudriñador de la historia. Inquieto a prueba del más difícil escenario. Carlos, asi lo trato en su sencillez, vive dedicado a escribir, a estudiar. Está actualizado, listo para aconsejar y servir a su patria. Es un Estadista de los buenos, que combina sus conocimientos sobre el manejo de la cosa pública, lo económico y lo referente a la autoridad que tiene bien claro, sin apartarse de su pasión primordial que es la equidad social, y sin salirse de sus postulados ideológicos.. Todo eso sin excluir su vocación por la poesía, y con todo lo que revista el estímulo y deleite del espíritu, dentro de los cuales, la música, tiene para él un valor esencial.

Tiene una familia maravillosa. Una esposa que lo acompaña en todos los escenarios, inspirados en la prudencia y la armonía. Es abuelo como yo, complaciente, pero maestro de los mejores ejemplos. Todos estos atributos unidos a una hoja intachable de vida personal y profesional, no valieron ante las esperanzas de quienes deseábamos verlo en la primera magistratura de la nación, porque el egoísmo del político caribeño, parecido al proceder de los cangrejos, nos privó de tener a uno de sus hijos como Carlos Rodado, como Presidente de la República de Colombia. Razón tenía el tuerto López, cuando hablo de la caterva de vencejos.

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