Desplazamiento forzado en el Catatumbo: cientos de familias huyen de la violencia tras los enfrentamientos entre grupos armados, mientras el Estado sigue ausente.

Un territorio marcado por la violencia

El Catatumbo, en Norte de Santander, ha sido una zona de guerra por décadas. Desde los años 70, guerrillas como el ELN y las FARC, paramilitares y narcotraficantes han luchado por el control de este territorio estratégico. La desmovilización de las FARC en 2016 no trajo la paz esperada; en cambio, nuevas facciones aparecieron y la violencia continuó.

La crisis humanitaria actual

En enero de 2025, la situación explotó nuevamente. El ELN atacó a las disidencias de las FARC-EP, dejando 71 muertos y desplazando a más de 56,000 personas. Miles de niños quedaron sin escuela y comunidades enteras huyeron por miedo. Organizaciones de derechos humanos han denunciado asesinatos de civiles, reclutamiento de menores y desplazamientos forzados. El Estado, una vez más, brilla por su ausencia.

El fracaso de la “Paz Total” de Gustavo Petro

La estrategia de “Paz Total” de Petro, que buscaba negociar con todos los grupos armados, ha sido un rotundo fracaso. En enero de 2025, el ELN suspendió los diálogos y declaró la iniciativa como muerta. El gobierno nunca logró un acuerdo real ni garantizó que los grupos cumplieran lo pactado. Mientras hablaban de paz, los grupos armados seguían con secuestros, extorsión y ataques.

En lugar de una estrategia clara, el gobierno apostó por acuerdos improvisados sin exigir nada a cambio. Se pactaron ceses al fuego que nadie respetó, permitiendo que los criminales se fortalecieran. Sin una autoridad firme, el Catatumbo se convirtió en tierra de nadie.

El Estado también falló en asegurar el control territorial. Mientras el gobierno hablaba de paz, el Clan del Golfo, el ELN y las disidencias de las FARC expandieron su poder. En otras regiones como el Bajo Cauca y Urabá, el Clan del Golfo impuso paros armados sin que nadie los detuviera.

La falta de liderazgo también dividió al gobierno. La Policía y el Ejército criticaron la estrategia por dejarlos sin herramientas para enfrentar a los grupos ilegales. Empresarios y ciudadanos denunciaron el aumento de la extorsión y la inseguridad. Incluso la comunidad internacional, que al principio apoyó la idea, empezó a dudar de su viabilidad.

Un llamado a la acción

El Catatumbo sigue en llamas y la “Paz Total” quedó en el discurso. El gobierno debe actuar ya: garantizar la seguridad, restaurar la presencia del Estado y tomar medidas concretas para proteger a los civiles. La paz no puede ser solo palabras; necesita acciones reales que cambien la vida de quienes sufren la violencia cada día.

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