
El inicio de la recuperación de El Laguito es más que una noticia local: es un acontecimiento con resonancia nacional. No hablamos únicamente de un cuerpo de agua deteriorado en Cartagena, sino de un ecosistema enclavado en una ciudad reconocida por la UNESCO como Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad. Lo que ocurra con este cuerpo de agua será observado no solo por los cartageneros, sino por todo el país y, más aún, por la comunidad internacional.
La primera Mesa Técnica liderada por la Gobernación de Bolívar envía una señal clara: hay voluntad, hay articulación institucional y, por primera vez en mucho tiempo, hay un cronograma concreto. Ministerios, agencias ambientales, entes de control y comunidad se sentaron en la misma mesa. Eso ya es un paso que merece reconocimiento. Pero no nos engañemos: la verdadera prueba será la ejecución.
Un proyecto que trasciende fronteras locales
El plan de intervenir más de 72.000 m² con senderos, zonas deportivas, parques y recuperación paisajística no solo busca embellecer el entorno: pretende demostrar que Colombia es capaz de conjugar desarrollo urbano con sostenibilidad ambiental.
Si El Laguito se recupera, será un modelo replicable en otras ciudades costeras del país. Pero si fracasa, quedará como un símbolo del divorcio entre la retórica ambiental y la incapacidad de cumplir. Y Colombia, con todo lo que significa Cartagena como vitrina internacional, no puede darse ese lujo.
Cartagena habla por Colombia
Cada turista que llega a Cartagena no distingue entre lo local y lo nacional: su experiencia se convierte en un reflejo del país entero. Por eso, dejar que un cuerpo de agua emblemático se deteriore en medio de una ciudad patrimonio sería, en el fondo, un fracaso de Colombia ante el mundo.
El éxito de este proyecto no solo sanará un ecosistema: reforzará la confianza ciudadana, fortalecerá el turismo sostenible y proyectará a Colombia como un país que sabe cuidar su patrimonio natural y cultural.
El mensaje que no puede fallar
Hoy corresponde a las autoridades cumplir lo prometido, y a la ciudadanía ejercer veeduría para que no se repita la historia de planes inconclusos. El Laguito es, al mismo tiempo, una oportunidad y una advertencia: si la obra avanza con seriedad, Cartagena brillará con un nuevo símbolo de sostenibilidad; si no, será otro recordatorio de que al país le cuesta convertir sus grandes anuncios en realidades.
La conclusión es clara: Colombia no puede fracasar en Cartagena. Recuperar El Laguito es recuperar la credibilidad de un país que quiere ser reconocido no solo por su historia y cultura, sino también por su capacidad de proteger y proyectar su patrimonio ambiental.