Por Bruno Elías M.

(Escritor y filósofo)

Homero, el primer esteticista de la humanidad.

Sigamos con los griegos. A la Grecia Antigua los historiadores la dividen en varias épocas. Pero vamos a lo que nos interesa. Voy a empezar por Homero. El primer esteticista de la humanidad. No por teórico sino por creador. En su Ilíada, Homero inicia una nueva época, desde lo artístico, para la humanidad, época que aún estamos viviendo. La era de la ficción. De los imaginarios artísticos como parte inherente de nuestras acciones. En la Ilíada no solo hay un poema épico, sino la descripción de una era, de una cultura, de un periodo, de un momento histórico, el mismo que arrancó allá en la Grecia micénica, y todavía continua. Si contrastamos lo afirmado con los restos arqueológicos de Troya 1, y las sucesivas excavaciones que hicieron los especialistas, podemos llegar a una noción general de cómo los griegos arcaicos asumieron lo bello, el arte, y otras categorías, que luego Kant agruparía, en la modernidad, en los juicios del gusto y la estética. 

El gran poema de Homero

Los griegos poshoméricos tenían una división del arte en: arquitectura, pintura y escultura; y, por otro lado, las artes del cuerpo, incluyendo al espíritu.  La poesía era una narración cantada y actuada, la música en sí: poema y canto. Y la danza, a su vez, era un derivado de aquella, mezcla de música, baile y actuación. La primera división corresponde a acciones artísticas para ser contempladas, y la segunda, para valorar la expresión. La Ilíada fue durante cuatro siglos un gran poema que seguramente lo aprendían de memoria sus narradores, y que debió ser cantado con una lira, como mínimo. Hoy se perdió su música. En la antigüedad no existía el libro ambulante, el libro que hoy se puede llevar debajo del brazo; solo existían rollos para bibliotecas, después del apogeo de la escritura. El libro fue un invento de los cristianos del siglo I; pero antes de la invención del libro, los narradores arcaicos de Grecia iban de pueblo en pueblo, citando las grandes obras del poeta Homero. La poesía necesitaba de la memoria y la rapsodia. Se puede decir que esos poemas iban acompañados de lira y otros instrumentos musicales. La mera palabra, fría, no bastaba para contar las obras de Aquiles u Odiseo. La transmisión seguramente se daba no solo hacia las naciones principales de la Hélade, sino a todas sus colonias; es decir, que el poeta también tenía que ser un gran navegante, un marinero, pues muchas de las naciones independientes de Grecia estaban en las esquinas de los mares, muy lejos de la península Ática. 

La herencia de Homero

El entrenamiento antiguo para llegar a ser un poeta no era simple. La tradición marcaba la diferencia. Supongo que debieron haber existido familias que se especializaban en tener hijos o nietos poetas, y así crecían los aedos en círculos populares. La poesía no era como hoy lo es, un acto individual: era una tarea de equipo. Un acto netamente social. La idea de un Baudelaire o un Whitman, como seres poéticos individuales, no tiene ningún parentesco con el poeta griego homérico.  Pero vamos a otro punto de la Grecia Clásica, al siglo IV a.C., a Platón, ese gran filósofo y poeta, dramaturgo, producto del Siglo de Oro, que, aunque artista, se empecinó en denigrar de los poetas. En su República los expulsa de la ciudad ideal por considerarlos seres peligrosos. Platón inauguró esa diferencia entre artistas y filósofos. Mas no nos detengamos ahí. Prosigamos.

Los poetas locos

Hay dos formas de ver la poesía en Grecia. Como está en Homero, es decir, en la Grecia arcaica, y como está en el Siglo de Oro griego y sus herederos. La primera posición del poeta es la del griego ático, que ve al poeta como un fabricante material y no como un hacedor de mitos. La misma lengua refleja esa forma ya despectiva hacia la poesía; es como si Homero hubiera decaído ante la razón filosófica, a pesar de que los temas homéricos eran el centro de la tragedia y el drama de los clásicos. Una gran paradoja. Los poetas en la Grecia Clásica no eran considerados artistas sino maniáticos, locos, arrebatados: otra forma de exclusión. Por eso, la poesía en la época de Platón tiende a ser considerado un arte menor, poiesis en griego es “fabricación”.  El poeta se parece más al fabricante que hace una cosa, que al vate inspirado por las musas en un ritual religioso. Esa parte se tiene que seguir averiguando. También hay que investigar cómo fue que Homero se enteró de esa historia de la Guerra de Troya.  Lo que hacemos es suponer, deducir, cómo del ataque de los griegos a Ilión se llegó al tema principal de una obra literaria, suceso que presuntamente aconteció cuatro siglos antes que Homero.  Y también hay que seguir investigando cómo llegó el poema Homérico hasta la Grecia del siglo V a.C., es decir, tres o cuatro siglos después de la existencia del poeta ciego. Las brechas históricas siguen abiertas. Solo aceptamos como presunciones, casi de manera automática, que existió Homero y que la poesía épica fue la primera de las artes, aunque después los mismos griegos, genios de la humanidad, la hayan desechado a un segundo plano. Lo que nos lleva a un punto: al hecho de que Platón haya sacado de su polis ideal a los poetas por ser hacedores de mitos, hecho que la historia le endilga al filósofo y no a la misma época clásica de los griegos del Siglo de Oro.