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Y tú ¿puedes ver las carabelas?

Por Gloria Gaitán
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Gloria Gaitán, Ingeniera Cultural. Promueve las ideas de su padre Jorge Eliécer Gaitán para ver las carabelas. Cortesía archivo personal.

¿Puedes ver las carabelas? En el diario que escribió Magallanes, donde relata su llegada a nuestro continente, cuenta —ante la incredulidad general del momento— que los indígenas no pudieron ver las carabelas en las que él llegó junto con sus hombres al nuevo continente. Fenómeno que hoy en día ha explicado plenamente la ciencia: solo vemos lo que ya conocemos. Así lo han comprobado los neurocientíficos, los psicólogos y los físicos.

Es más, cada cual ve las cosas a su manera. La percepción de cada uno depende del mundo interior en que está conformado su subconsciente, que alberga los paradigmas surgidos de la cultura personal y social.

La realidad imaginada

Esa cultura —formada de arcanos de experiencias y de eventos circundantes— filtra y delimita la percepción de nuestra propia realidad, de acuerdo a la dimensión de nuestras expectativas, convicciones y creencias. Cuando un grupo humano dispone de una percepción similar entre sí, hablamos de cultura colectiva. Esa cultura compartida es la que establece las características que identifican a determinado conjunto humano. Sea lo que sea, la realidad colectiva o individual es pura y mera imaginación personal.

Este fenómeno humano cuenta con una comprobación aportada en 1905 por Albert Einstein quien, con su teoría de la relatividad, nos hizo saber que la realidad física varía de acuerdo con las expectativas del observador, por lo que se pudo deducir que existen igual número de observadores que de realidades, siendo este el fundamento de la teoría del quántum de la física moderna. Por lo tanto, si nos topamos con algo que es totalmente desconocido para nosotros, somos incapaces de identificarlo por razón de los mecanismos que rigen nuestro cerebro.

No nos extrañemos entonces que, cuando Simón Bolívar convocó a nuestros antepasados a la conquista de nuestra independencia, sus contemporáneos, que no sabían ni imaginaban lo que era éso, gritaban al unísono «Viva el Rey, abajo el mal gobierno». No eran capaces de imaginar una república, o sea, un gobierno sin rey, como años antes nuestros antepasados indígenas no eran capaces de ver las carabelas en que llegaban los conquistadores.

Cambiar de sistema

Hoy sucede lo mismo cuando se plantea que la solución a nuestros problemas no es cambiar de gobernantes sino cambiar de sistema y, cuando afirmamos, que la lucha política del País Nacional debe ir encaminada hacia el derrocamiento de la Democracia Representativa para sustituirla por una Democracia directa.

En épocas monárquicas, las decisiones políticas, económicas y sociales estaban dirigidas por el Rey. Luego, en la Democracia Representativa, el decurso de los hechos de Estado lo define el País Político, donde prima la burguesía a espaldas del País Nacional que, en Colombia cada cuatro años, con su voto, le delega su poder ciudadano a unos representantes que gobernarán a su voluntad y criterio.

Pedir que el poder y el destino del país esté en manos directas y decisorias de los ciudadanos, de acuerdo a los intereses del País Nacional, son carabelas que la mayoría no ve. Se piensa que contamos con democracia y la defendemos, a pesar de que nuestro único derecho democrático es votar cada cuatro años, delegando nuestros derechos ciudadanos, tal como antaño las mujeres, al casarse, se veían sometidas a la delegación a sus maridos del manejo absoluto de sus posesiones —muchas o pocas— y de su riqueza, si era que la tenían.

Ver las carabelas

Es por ello que al no ser capaces de ver la Democracia Directa, limitamos nuestro aliento político en la búsqueda prioritaria de un presidente a quien elegir y a otros gobernantes que habrán de decidir, a su manera, el destino que ellos nos depararán.

Un día, más temprano que tarde, los ciudadanos recorrerán las calles y los caminos de Colombia luchando por un cambio de sistema. Dejarán de lado el desgaste prioritario de sus energías en escoger un presidente u otro que, a la postre, operará en el marco del sistema imperante, por lo que será imposible que cambie la situación del país.

El día de ese cambio será cuando los colombianos logren ver las carabelas de la Democracia Directa para luchar por ellas y dejarán de creer que la actual democracia – que se resume en delegar nuestro derecho ciudadano – es la única forma de gobierno.

Bogotá, julio 30 de 202

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