El Califato Daeschariano se hace insostenible.
Barranquilla, el Califato Daeschariano. El modelo se expandió en toda Colombia.

El imperio del Califato Daeschariano tiembla por los indicadores sociales que revela la galopante pobreza que padece. A Barranquilla, como a la mayoría de las ciudades del Caribe, se le ha vendido como el paraíso de la economía emergente. Una economía especulativa sometida al imperio de la narcoeconomía y de las actividades subterráneas.  En suma, es una ciudad donde el 42 de su población vive en pobreza, según el Dane.

Ya Barranquilla no es la Puerta de Oro de Colombia, ahora es la Ventana del Mundo, una ventana creada por el imperio de los talibanes de la economía daeschariana. Ningún Barranquillero o atlanticense se escapa de ese imperio. El barranquillero desayuna, si es que puede desayunar, escuchando las noticias o la música que el imperio programa para seguir adormeciéndolo.

El Califato Daeschariano tiembla

Por eso es que las encuestas de percepción de felicidad y optimismo, Barranquilla es una de las primeras. Pero ocupa los últimos lugares en materia de seguridad alimentaria, pobreza e inseguridad.

Sin embargo, para darse cuenta de que las estadísticas son frías sin expresar el drama humano de la pobreza y el hambre, basta con salir y recorrer las calles de Barranquilla. La ilusión de una ciudad próspera se desmorona con solo ir al centro en plena época de fiestas de Navidad. La ciudad se sostiene por la industria del rebusque.

Barranquilla y Cartagena se llevan las palmas de las ciudades donde la población menor posibilidad tiene de comerse las tres comidas. Barranquilla es penúltima con 33,2 y Cartagena es la última con 31,5%

Al llegar a Barranquilla uno se da cuenta que la indigencia pulula por cualquier parte. En el norte y en el sur. En el centro como en la periferia.

Mientras el monopolio de ese imperio amasa grandes fortunas que la pone a salvo en los paraísos fiscales del Caribe y en Delaware, los sectores populares, incluso, gran parte de la clase media debe soportar los efectos de una economía especulativa, avara y fenicia. La pobreza se encaramó al 42.5% de pobreza, es decir, que, de 100 barranquilleros, más de 42 están en la pobreza. Pero lo más dramático es que de esos 100, 73 no alcanzan a comerse los tres golpes del día.  

Un pacto de desarrollo para el maquillaje

El 21 de septiembre del 2021 firmaron el pacto, Pero en diciembre el Dane confirmó la debacle social que está viviendo Barranquilla en seguridad alimentaria y pobreza. El Califato Daeschariano tambalea.

A finales del 2021 la Alcaldía de Barranquilla y veinte fundaciones de la ciudad firmaron el Pacto por el Desarrollo Social de Barranquilla. Eso es puro maquillaje. En realidad, para acabar con este desastre social de Barranquilla no está en ese pacto elitista de los poderosos sino en el cambio de modelo de desarrollo. Las ganancias del desarrollo deben irradiarse a los más necesitados a través de la inversión social y que los ricos paguen los impuestos de ley. El barranquillero necesita un ingreso seguro y sostenible.

Un modelo basado en la especulación económica, las obras faraónicas y la economía del rebusque para no morirse de hambre, produce más pobreza. Barranquilla tiene una deuda que llega a los $2 billones. En tanto sus ingresos vienen en bajada. Un barranquillero que nace hoy ya está endeudado hasta el año 2035. Recientemente la Fich Ratings le bajó la calificación a Barranquilla.

La baja en la calificación se explica por el ajuste en perfil de riesgo del Distrito a ‘Rango Medio Bajo’ desde ‘Rango Medio’, lo que refleja cinco factores clave de riesgo (FCR) en ‘Rango Medio’ y uno en ‘Más Débil ‘. Barranquilla presenta un deterioro en su posición de liquidez y en el acceso y disponibilidad a líneas de crédito comprometidas. 

Fitch Ratings

El Distrito de Barranquilla tiene una deuda que está llegando a los $2 billones. Pero sus ingresos han bajado ostensiblemente, de acuerdo con una análisis fiscal hecho por la Cámara de Comercio de Barranquilla. 

Acabar con el Califato Daeschariano

¿Cómo se podría superar esa situación en Barranquilla? Lo primero es que hay que disolver el Califato Daeschariano. Es un sistema oprobioso y tirano al mejor estilo de los califatos árabes. Las dos familias más poderosas de la ciudad controlan todo. Y todo es todo: la economía, la cultura, el deportes, la recreación y el entretenimiento, y los medios de comunicación. Nadie se sale del redil. Incluso, la izquierda fue absorbida por este Califato.

El Califato Daeschariano convocó a un Pacto de Desarrollo Social al cual solo llegan sus fundaciones que se encargarán de canalizar los recursos oficiales y privados para la hacer la inversión social. Es decir, los mismos con las mismas. Para salirse de esa situación, tendría que endeudarse más con el objetivo de atender la deuda. Esto es, pagar la deuda con más deuda. Es una situación que se hace insostenible.

Pero ¡tranquilo! el Junior va a ganar. Los carnavales solo lo aplazaron y nos podremos mamar las frías que compraremos en los supermercados de Olímpica oyendo radio Olímpica.  Y por la plata no te preocupes, en Serfinanza te pueden prestar para seguir endeudado con el imperio daeschariano. Ese es el modelo de desarrollo que el exalcalde Alex Char y los Daes le venden al país.

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