Como en Macondo, con trapo rojo la gente pide ayuda humanitaria

Dau

El alcalde William Dau entregando mercaditos. Líderes populares lo califican de politiquería populista. Cortesía alcaldía de Cartagena.

En los barrios populares de Barranquilla y Cartagena, a pesar de colocar trapo rojo en las fachadas de sus casas como señal de urgente necesidad, no reciben la tan anhelada ayuda humanitaria con ocasión de la cuarentena por el Coronavirus. Mientras tanto, algunos mandatarios se toman fotos entregando mercaditos, conducta calificada de oportunismo populista y de propaganda política negativa.

Ni la alcaldía de Barranquilla, de Jaime Pumarejo, ni la de Cartagena con William Dau Chamat, han atendido un porcentaje significativo de la población necesitada de ayuda humanitaria. Pero se ufanan ante los medios de comunicación y de sus redes sociales de haber atendido a la población vulnerable de estas dos ciudades.

La señal del trapo rojo

Las mujeres, con su trapo rojo, de los barrios populares esperan paciente la ayuda humanitaria de los gobernantes.

¿Por qué la gente es tan creativa en medio de la crisis y de la escasez? En el área metropolitana de Barranquilla, dentro de la cultura popular macondiana, surgió la idea de identificar las casas con un trapo rojo en señal de urgente necesidad humanitaria. Por imitación, los otros vecinos repetían la misma acción hasta que se generalizó en los barrios más necesitados.

De igual manera, el trapo rojo se regó como pólvora por los barrios extramuros de Cartagena de Indias. En el suroriente y suroccidente nos encontramos con el trapo rojo guindado en las ventanas o en las paredes.

Las mismas alcaldías tuvieron que salir al quite de esta práctica manifestando oficialmente que no era cierto de que quien pusiera trapo rojo en la fachada de sus casas iban a recibir el mercadito. La Oficina de Gestión del Riesgo de Desastres (OAGRD) del Distrito de Cartagena oficialmente aclaró que las ayudas se están canalizando conforme haya la provisión.

Protesta con trapo rojo

Le pregunté a Vicky López (Las lomas) por qué tenía ese trapo rojo en la fachada de su casa:

“Yo vivo de la venta de sopa en la puerta de la casa. Con la cuarentena del Coronavirus no puedo trabajar. No tengo plata. Estoy endeudada. Aquí vive un viejito (Fernando Ulises García Lujan, 80 años) que no está en ninguno de los programas de subsidio del gobierno. Yo no estoy en Familia en Acción ni en ningún otro programa. Tengo 58 años. Como una forma de llamar la atención pusimos el trapo rojo”.

Frente a la desidia y olvido del Estado, el trapo rojo es una forma singular de protestar del pueblo olvidado de Barranquilla y Cartagena. Apelan a la creatividad macondiana. Lejos de ser ignorancia, como lo han calificado los representantes de los gobiernos distritales de Cartagena y Barranquilla.

Las fotos de Dau

Para muchos de los líderes populares, ver al alcalde de Cartagena William Dau Chamat entregando los mercaditos como si tuviera en campaña política, es un acto grotesco, populista y oportunista. Esta actividad, que debió hacerla los funcionarios del PES y de otras dependencias, en compañía de los líderes cívicos y comunales de los barrios que conocen sus necesidades, la utilizó el alcalde para hacer populismo oportunista aprovechándose de la desgracia del pueblo.

Pero Dau no fue el único que posó para las cámaras mostrando los mercaditos entregados a los más menesterosos. Muchos otros mandatarios locales y regionales lo hicieron de la misma manera, pero recibieron la reprensión popular por esa conducta oportunista y politiquera.

¿Afán de protagonismo o desconfianza con el liderazgo popular? Parece que es lo único a que ha recurrido el mandatario distrital, ya que en el tiempo de su administración poco es lo que puede presentar en su balance positivo. Tanto es así que su equipo digital de campaña electoral lo sigue utilizando para sobredimensionar lo poco que puede hacer como mandatario.

Sustituyen a las JAC

El líder comunal, Aldo Lora, viendo esta situación manifestó:

Lo que está haciendo el alcalde es sacar provecho político de una tragedia que se vive en las comunidades. Ese papel debe ser de los líderes sociales que saben de las necesidades que se viven en esos barrios. Que los funcionarios de la administración acompañen el proceso de ayuda se acepta, pero no se entiende por qué razón existen juntas de acción comunal y demás organizaciones sociales en los barrios”.

En Isla de León, al suroccidente de la ciudad, entregaron 200 mercados cuando existen 1.200 familias que están en las mismas condiciones o peores que aquellos que recibieron ayuda. ¿Qué tiene que hacer el resto de familia? Poner el trapo rojo.

Lo que está haciendo el alcalde es politiquería, y de la peor, porque se aprovecha de la tragedia de todo un pueblo con esta cuarentena del Coranavirus, manifestó Lora.

Colombiatón y Flor del Campo con trapo rojo

En Flor del Campo no llega la ayuda. El 70 de sus habitantes viven de la informalidad. Aquí el presidente y demás directivos de la JAC.

El secretario de la Junta de Acción Comunal (JAC) de Flor del Campo, Álvaro Blanco, nos manifestó:

Nadie ha recibido ayuda. Es por esto por lo que queremos denunciar ante la opinión pública. Queremos decirle a la administración distrital que queremos ayudar para que la distribución de los mercados se haga correctamente y le llegue a la gente más necesitada. El 70 por ciento de los que vivimos acá trabajamos en el rebusque, en la economía informal, el día a día. No estamos facturando, porque estamos encerrados”.

Familias enteras están pasando hambre en Flor del Campo, Torres de la Esperanza y Colombiatón. En esta urbanización se distribuyeron algunos mercaditos en 4 de las 10 manzanas. Existe un grupo de líderes que quieren ayudar, pero la administración de Dau Chamat lo desconoce. Es lo mismo que se vivió en gran parte de la dirigencia popular de la ciudad.

La creatividad para protestar. Trapo rojo contra la negligencia y oportunismo vulgar de los  mandatarios locales y regionales. Pero también trapo rojo contra la falta de imaginación de unos gobernantes que no piensan en la solución  de los problemas de la gente sino de cómo utilizar la tragedia de la gente para hacer propaganda politiquera.

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