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Señor alcalde ¿es usted adicto?

Por Lucio Torres
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Aquí entrevisté a William Dau para analizar qué proponía. No ví más allá de la palabra «Malandrín». Foto Juan Ricardo Jiménez.

Señor William Dau, alcalde de Cartagena, ¿es usted adicto a sustancia alucinógenas o a otro tipo de drogas? Si la respuesta es sí, ¿qué tipo de tratamiento está haciendo para controlar dicha adicción? Si la respuesta es no, ¿se sometería a exámenes clínicos, psicológicos y psiquiátricos forenses? ¿Acepta usted este desafío?

Este es un derecho de petición (C.P.: art. 23) que elevo públicamente. La respuesta debe ser a más tardar en 15 días hábiles, pese a la modificación transitoria presentada por el presidente Duque.

En reiteradas ocasiones Dau reconoce que está enfermo

Preguntas respetuosas

¿Estas preguntas sirven para el debate político? Todo ciudadano necesita saber cuál es el estado de salud mental y física de sus gobernantes. Es un derecho fundamental de los gobernados, puesto que la actuación de estos incide en su vida pública e íntima. Aquí se presenta una tensión con los derechos a la intimidad, buen nombre y libre desarrollo de la personalidad (C.P.: art. 16 y C—336—08) del gobernante.

Pero cuando usted ocupa el primer cargo público de una ciudad alcanzado para «Salvar a Cartagena», ya no es un ciudadano corriente que pudiera alegar esta condición para ampararse en ese derecho individual. Lo fundamental aquí, es la pregunta: ¿sirve la respuesta para el debate político, para la democracia y un gobierno decente?

 Gotas amargas para un adicto

Si en la Alemania Nazi, los alemanes se hubiesen hecho esta pregunta de la adicción de Adolfo Hitler, el mundo no hubiese padecido la Segunda Guerra Mundial y Estados Unidos no se hubiese erigido como la gran potencia del mundo. Hitler era un adicto a la cocaína dosificada por su médico de cabecera, Theodoro Morell. El médico le suministraba la cocaína en forma de gotas para los ojos. ¿Te acuerdas de las gotas amargas que el Doctor Ternura le daba al presidente Álvaro Uribe, quien es muy irascible?

¿Qué pasa si una persona mezcla el bazuco, el perico, con la marihuana? Esa cabeza se vuelve loca. Meterse un tabaco de marihuana no es un delito. Mi generación, la generación de los baby boomers, los que nacimos en el interregno de la guerra fría, fumaron marihuana mientras alzaban la consigna Amor y Paz en Mayo 68, contra la guerra de Vietnam (1975) y la voracidad imperialista. Aunque yo no fumé marihuana, algunos contemporáneos míos sí lo hicieron. El consumo de la marihuana fue asociado a un acto de rebeldía.

 Por tanto, cada acto suyo, sr. alcalde, es un acto político y público. Lo legal no quita lo ético. Pero todo acto legal no necesariamente es ético. Ni todo acto ético es legal. En tanto todo acto humano es un acto ético. ¿Qué quiere decir esto? La condición humana es la ética que subyace en la dignidad humana. La dignidad es un valor intrínseco que no tiene precio.

El valor de un adicto

Los seres humanos tenemos ese valor interno que se llama dignidad humana. Desde el adicto que deambula en las calles de Cartagena hasta los encopetados que consumen su droga psicotrópica en sus ampulosos jardines o en las frías oficinas. En Colombia es un problema de salud pública. La adicción es una enfermedad que necesita tratamiento.

Todos somos iguales, incluso los que no consumimos droga alguna, salvo el café de la mañana o de la tarde. Café que debemos tomarnos a veces solos, como en esta cuarentena. ¿Qué bonito es compartir un café con la mujer amada después de hacerle el amor? Eso no tiene precio. El café tiene cafeína, una droga adictiva. Hay días que no tomo el café y no me pasa nada.

¿Por qué a otros les sucede que cuando no se toma la taza de café a la hora de costumbre le da dolor de cabeza, se desespera y se irrita? Los especialistas dicen que cuando eso sucede, sé es adicto a la cafeína. No todos los que tomamos café somos adictos.

Cerebro adicto

Últimamente me he dedicado a estudiar el cerebro humano. No desde el punto de vista fisiológico sino de la conducta humana. El cerebro adicto. Somos lo que creemos y hacemos lo que pensamos. Pero hay personas que piensan una cosa y hacen otra.

¿Por qué nos sentimos tristes, alegres, deprimidos, eufóricos? ¿Por qué tenemos ideas prefijadas, inmodificables? ¿Por qué creemos en mentiras y las decimos como si fueran verdad? ¿Para qué vinimos al mundo? ¿Por qué somos mesiánicos y nos creemos salvadores? ¿Por qué somos inmorales o poco éticos? ¿Por qué tenemos la tendencia a la corrupción a pesar de tener un discurso anticorrupción?

Secuestrado por la adicción

Descubrí con el neurólogo argentino Facundo Manes y el colombiano Rodolfo Llinás que el cerebro es el órgano que más gasta energía (20%) del cuerpo humano. El cerebro no descansa. Es un laboratorio 24/7. Aunque estemos dormidos o drogados, el inconsciente está funcionando.

 Pero un cerebro enfermo, adicto, secuestra la voluntad y la razón. Hace que el individuo actúe como usted actuó ante el concejo Distrital, o cuando fue elegido alcalde, o cuando se estaban haciendo los escrutinios. La intolerancia, la irritabilidad, las palabras soeces, los gestos descoordinados, la falta de criterio, todo puede resultar de la adicción de ese cerebro.

El patrón conductual es el mismo:

Así, las dosis que inicialmente (los adictos) utilizaron para estimularse ya no son eficaces y necesitan usar una dosis más alta”. (F. Manes).

¿Por qué? Los neuro-receptores dopaminérgicos no pueden captar la cantidad de dopamina (la hormona del placer) de los neurotransmisores que produce la droga adictiva. Ello explica, por qué ciertos adictos se van dos o tres días seguidos a una olla de expendio de drogas a consumir, y entre más consumen, más desean.

¿Usted dónde se mete?

Cuando nuestra Fundación Vox Populi Corporación patrocinó un hogar terapéutico para adictos que dirigía mi hija como práctica de su estudio de trabajo social, junto con dos adictos recuperados, personalmente nos dimos a la tarea de buscar a unos de los internos que no había regresado el día anterior. Julio y yo fuimos de olla en olla en Ceballos y 20 de Julio hasta encontrarlo. Estaba completamente drogado. Infringió las normas del hogar, porque no pudo sobreponerse a la crisis de la abstinencia.

Alcalde, cuando usted se pierde un día o dos días, ¿qué hace? ¿dónde se esconde? ¿con quién está? Los cartageneros estamos en el derecho de preguntarle. El sueldo que usted recibe, lo pagamos nosotros. Las consecuencias de su conducta la sufrimos nosotros. Por ejemplo, mientras usted se perdió dos días en la emergencia del Covid-19, el pueblo de Cartagena hacía cacerolazos exigiendo a su gobierno soluciones.

Su grotesca conducta (intolerante e irascible) ante el concejo -corporación que ha sido inferior a su misión- fue una táctica política para entretener a la opinión pública. Recuerde que usted, en la semana anterior, tenía dos días que no se le veía. La ciudad protestaba y usted estaba ido. Implantaron el pico y género y después pidió perdón. ¿Dónde estaba cuando asumieron esa decisión?

¿Qué enfermedad? ¿Adicto?

Señor alcalde, ¿usted sabía que las salidas recurrentes con palabras soeces es una conducta patológica? Cuando usted recula, y lo hace con frecuencia, también es recurrente en decir que «tengo muchos problemas», «no aguanto la presión», «ellos me provocaron». Frecuentemente pide perdón por sus palabras soeces. Todos, en algún momento, echamos un madrazo. Y le confieso, hay momentos que lo lanzo y me libera de presiones emocionales. Pero usted lo hace compulsivamente, y con placer. usted dice que está enfermo, pero no dice cuales son las enfermedades que tiene. (Ver video).

¿Sufre del síndrome de Tourette? ¿Coprolalia? ¿Es producto de la irascibilidad de la adicción? Usted dice que no se puede controlar al decir «malas palabras», porque lo provocan. Es decir, su voluntad y razón están secuestradas. ¿Es usted un hijodeputas? ¿Qué sintió cuando leyó esta pregunta? ¿La misma que usted lanza contra periodistas y personas que no piensan como usted? Excúseme, lo dije como pedagogía.

Este hábito de lenguaje obsceno compulsivo es el resultado de un mal funcionamiento de ciertos neurotransmisores del cerebro, aunque se desconoce de forma concluyente el origen de esta patología. Pero en el adicto es más recurrente, porque la droga afecta los neuro-receptores dopaenergéticos, por lo que lleva a los adictos a consumir droga cada día más.

Este derecho de petición es de interés general. Sirve para el debate político y el fortalecimiento de la democracia de una ciudad con una desesperanza aprendida en medio del cao y la pobreza. Sirve para que el ciudadano tome decisiones inteligentes.

William Dau, ¿es usted adicto a las drogas? Si la respuesta es afirmativa, dígame, ¿se la está tratando con profesionales? Me puede responder al correo editormoreno@yahoo.es.

Con aprecio,

LUCIO TORRES                                                                                                                                                        Periodista Anticorrupción

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