
Cepeda: la presidencia no se conquista únicamente con fervor popular. Es necesario abrir el camino a otras expresiones progresistas.
Iván Cepeda Castro debe asumir el liderazgo en la reorganización de un polo de atracción amplio, capaz de captar a la mayoría de indecisos. De lo contrario, el escenario podría favorecer a Paloma Valencia, como sugieren las tendencias reflejadas en las últimas encuestas en las que el candidato del Pacto Histórico aparece en primer lugar.
Esta conclusión se sustenta en dos hechos concretos: los resultados electorales del 8 de marzo, proyectados hacia la primera vuelta presidencial del 31 de mayo, y el comportamiento que revelan las encuestas. El propósito de este análisis es contribuir a una rectificación del rumbo del progresismo, desde una perspectiva distinta a la izquierda tradicional.
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Cepeda y el «fervor popular»
Cambiar de táctica política en pleno fragor de la contienda electoral implica el riesgo de restar antes que sumar. Sin embargo, nadie gana sin arriesgar. En el seno del petrismo predomina un sentimiento triunfalista: su Comité Político confía en repetir la hazaña de Petro en las pasadas elecciones, cuando alcanzó 8,5 millones de votos en primera vuelta. Los más optimistas incluso creen posible conquistar la presidencia en esa primera ronda, alentados por el «fervor popular» hacia el Pacto.
Sin embargo, ni Cepeda es Petro ni Petro ha despertado el fervor del 75% de su electorado. Álvaro Uribe que le permitió elegir fácilmente a su protegido de entonces (2010): Juan Manuel Santos.
Ahora bien, si aplicamos una lógica de cadena de Márkov para analizar las tendencias actuales del comportamiento del electorado, no hay razón alguna para pecar de tanto triunfalismo. Tampoco estaríamos mecanizando la política, porque entendemos que el votante siempre está en movimiento y puede emigrar de un lado al otro o quedarse donde está debido a ciertas variables.
Existen muchas variables que permiten la victoria de una campaña electoral determinada: intención de voto, rechazo, indecisos, alianzas y capacidad de atracción hacia el centro. Son ellas las que configuran la matriz de transición hacia la primera vuelta presidencial.
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El nuevo congreso
El Congreso 2026 no está polarizado en dos bloques ni dominado por una fuerza política determinada. Esto es clave para entender las presidenciales y la dinámica política de los próximos cuatro años del nuevo gobierno que deberá lidiar un parlamento sin hegemonía.
La mayoría del congreso está en el centro. Pero es una fuerza dispersa que la predispone a emigrar hacia las dos fuerzas extremas del espectro político.
Esto propone tres escenarios para las presidenciales: (i) que la primera vuelta será la prueba para concentrar las fuerzas dispersas del centro; (ii) que la ganadora o ganador será con el voto de centro, y (iii) que la estrategia electoral de Paloma viene en ascenso conquistando simpatía del centro.
O sea, que el centro actúa como bisagra para ganar las presidenciales. Este es un comportamiento histórico desde que el proyecto Uribe triunfó en 2002.
Estado de los bloques
Si analizamos la composición del parlamento 2026, nos encontramos que está estructurado en tres estados o bloques, según su ideología:
1. Izquierda sólida pero cerrada representada por el Pacto Histórico. Su crecimiento fue del 25% con 5 curules más en senado con 4.4 millones de votos. En la Cámara, 42 curules.
2. Derecha cohesionada y en expansión. El Centro Democrático (CD) formó un polo de atracción de sectores de derecha incrustados en los partidos tradicionales. Creció en 35% con cuatro curules más, 3,03 millones de votos en senado y obtuvo 32 en cámara de representantes. El hecho de que tenga dos candidatos destacados por las encuestas, así lo indica.
3. Centro fragmentado pero decisivo. En este bloque donde está la mayoría del progresismo, no existe un partido o movimiento que lidere el centro. Ni en la centro derecha ni en la centro izquierda. Aunque la coalición Alianza por Colombia obtuvo 11 curules a senado con una votación de 1.8 millones. Este caudal es difuso, ya que un porcentaje se alinearía hacia un candidato de centro derecha liderado por el senador Jota Pe Hernández (Jonathan Ferney Pulido Hernández). Los partidos Liberal y Conservador buscarán acuerdos con un candidato o candidata de centro derecha. La mayoría de la U haría lo mismo.
¿La clave?
Existen cuatro fórmulas presidenciales que se han desmacardo del pelotón de 14. Sorprende el porcentaje de Roy Barreras en las encuestas que no alcanza a Claudia López, quien también brilla por su posición.
En el bloque de izquierda, Iván Cepeda del Pacto Histórico. En el bloque de la derecha, Paloma Valencia con una estructura liderada por el Centro Democrático y los partidos de la Gran Consulta. Abelardo de la Espriella con el apoyo de Salvación Nacional y Creemos con un poco más de 900 mil votos en el congreso. En el centro, solo aparece Sergio Fajardo.
Las encuestas indican que Cepeda es el líder indiscutible con 37% ponderado. Seguido por Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia con un empate técnico del 20% aproximado. En cuarto lugar, se sitúa Sergio Fajardo con un ponderado del 4%.
De los cuatro candidatos, solo Paloma presenta crecimiento significativo. Un salto que dio después de la consulta presidencial debido a un error estratégico del Pacto Histórico de bloquear al Frente por la Vida.
¿Cuál es la clave de la hipótesis que propongo? Es entender que el voto de centro pondrá presidente. Que la primera vuelta alineará a los votantes por dos factores: (i) su visión ideológica y (ii) su sentimiento negativo, o sea, el «anti».
Las probabilidades
De acuerdo a este análisis, Paloma tiene más caminos hacia el centro derecha y quitarle simpatías a De la Espriella. En tanto que Cepeda tiene bloqueado el acceso al centro derecha y la centro izquierda está subsumida en una lánguida presencia, por lo menos, en esta primera vuelta. Lo mismo le sucede a De la Espriella con relación a la centro derecha. Su nicho está en la ultra derecha.
Si eso es así, ¿por qué Sergio Fajardo no está captando la simpatía del centro cuando su candidatura se flexibilizó?
Quizás el no participar en la consulta presidencial afectó a Fajardo. También pesa el sentimiento de que «no va a ganar», porque tiene una estructura débil.
Por eso, en términos probabilísticos entran para la primera vuelta dos candidaturas: la del Pacto Histórico y la del Centro Democrático. ¿Era lo que Uribe y Petro querían? Polarizar. Recuerden, los extremos se encuentran. Dentro de esta línea razonable se propone que el sistema tiende a moverse hacia Paloma, no hacia Cepeda ni tampoco a De la Espriella.
La lógica de los extremos y el centro

Desde que Juan Manuel Santos fue elegido por segunda vez, el voto de centro se convirtió en el decisorio. Se desmarcó del uribismo y se volcó totalmente para el centro.
En 2014, en primera vuelta Zuluaga lideró con 3,7 millones, muy lejos de los 6,4 millones requeridos. Pero Santos supo aglutinar los votos de centro izquierda para ser presidente en segunda vuelta con 7’816.684 millones de votos. En 2018: Duque se acercó más, con 7,5 millones, a 2,2 millones del umbral que necesitaba. En el 2022, Gustavo Petro con votos de centro derecha y centro izquierda obtuvo la mayor votación histórica en primera vuelta (8,5 millones), pero necesitaba 10,6 millones.
Aquí está lo importante del análisis. La derecha tiene menor dispersión. La consulta le permitió recoger diferentes expresiones políticas, incluso, la de centro izquierda, gracias al error de Cepeda y Petro que señalamos en la primera entrega. Toda su simpatía está concentrada en dos de sus exponentes: Paloma y Abelardo.
En las preferencias de las encuestas, los dos juntos, superan a Cepeda y a sus posibles aliados con un acumulado de 39%. ¿Podrán acumular más del 50% en primera vuelta? Se debe tener en cuenta que el voto de centro presenta una transición más eficiente hacia Paloma, de acuerdo a la cadena Markov.
La izquierda está concentrada en Cepeda, pero con techo. Su alta imagen negativa lo dice todo. El centro (60+ curules) presenta un brutal estado de transición. ¿Quién puede captar esa cantera de votos?
Dentro de esa lógica, el centro es el nodo de mayor probabilidad de emigrar su voto. Quien capture ese flujo gana la presidencia, ya sea en primera o segunda vuelta.
Los estados iniciales

Partimos de dos estados dominantes: Iván Cepeda y Paloma Valencia. Cepeda tiene una intención de voto general de las tres últimas encuestas (GAD3-RCN, Guarumo-El Tiempo, CNC-Cambio) del 36 %, con un rechazo casi idéntico (36 %).
Paloma 20% y Abelardo de la Espriella del 19%. Valencia es de los tres punteros, la única que viene ascendiendo y conquistando a los indecisos y a los simpatizantes de Sergio Fajardo. Tanto Cepeda como Abelardo mantienen el mismo nivel de simpatía. Pero Fajardo se desplomó a un promedio del 4% reduciendo sus posibilidades de candidato de centro. Esto sugiere que parte de los simpatizantes de Fajardo y de indecisos están emigrando a la candidatura uribista.
Desde la lógica de Márkov, Cepeda está en un estado de alta estabilidad pero baja expansión. Su probabilidad de retener votantes es alta, pero la de atraer nuevos es limitada debido a su nivel de rechazo. Es un nodo fuerte, pero con fronteras cerradas.
Paloma, en cambio, se encuentra en un estado de expansión dinámica. Su intención de voto aún no refleja completamente su potencial porque está absorbiendo flujos: votantes de la derecha dispersa, indecisos e incluso sectores de centro.
Aquí aparece la primera gran diferencia: Cepeda conserva; Paloma captura.
El rechazo: una barrera
El rechazo es la variable que más condiciona el movimiento del sistema. En una cadena de Márkov, un estado con alto rechazo reduce la probabilidad de recibir transiciones desde otros estados.
Eso le ocurre a Cepeda.
Su 36 % de rechazo actúa como una muralla que impide que votantes de centro o de centro izquierda no alineados se desplacen hacia él. Incluso si coinciden programáticamente, el costo simbólico de ese traslado es alto.
Paloma, aunque también genera rechazo, lo compensa con una narrativa más flexible hacia el centro derecha. Su capacidad de transición no depende solo de afinidad ideológica, sino de percepción de viabilidad.
En política, el votante no solo elige al que le gusta: elige al que cree que puede ganar.
Indecisos: un estado líquido
El 15 % del electorado permanece indeciso y cerca de un 10 % no se siente representado por los candidatos punteros y por eso siguen otras candidaturas con porcentajes marginales. Este es el estado más volátil de la cadena.
Aquí se define la elección.
Si estos votantes encuentran un nodo de atracción claro (Fajardo, Claudia, Roy, Caicedo), el sistema puede reconfigurarse. Esto es improbable. Si no, tienden a distribuirse entre los estados dominantes según percepciones de fuerza.
En este momento, Paloma tiene ventaja en esa captura porque su crecimiento proyecta inercia. Cepeda, en cambio, no logra romper su techo para atraer ese voto flotante.
El indeciso no salta hacia el equilibrio: salta hacia la tendencia.
Alianzas
Las alianzas funcionan como puentes entre estados. Son las que permiten que votos de un bloque migren hacia otro.
Aquí el contraste es contundente.
Paloma Valencia cuenta con estructuras políticas territoriales, alianzas orgánicas y una base parlamentaria robusta. Eso le permite construir una red electoral eficiente: cada aliado es un canal de transferencia de votos.
Cepeda, por el contrario, enfrenta un aislamiento relativo, aunque ahora se esté abriendo a otras expresiones. La negativa a consolidar un frente amplio progresista debilitó su capacidad de atraer nuevas corrientes. El Pacto Histórico opera como un sistema cerrado, con baja permeabilidad.
Sin alianzas amplias, no hay transición significativa.
La disputa por el centro
La clave final del modelo está en la capacidad de atraer el centro político, que en Colombia es fragmentado pero decisivo.
Cepeda tendría que capturar el centro izquierda no alineado: sectores liberales, progresistas independientes, votantes urbanos no ideologizados. Pero su alto rechazo y el cierre del Pacto dificultan esa expansión.
Paloma, en cambio, compite por el centro derecha y parte del centro pragmático. Su fórmula con Oviedo le permite suavizar su perfil y ampliar su radio de acción. Dan una apariencia de centro derecha para esconder su verdadera catadura: ultraderechista.
Sin embargo, en términos de Márkov, Paloma tiene más estados accesibles. Y en un sistema de transiciones, quien tiene más caminos posibles, tiene más probabilidades de crecer.
¿Hacia dónde converge?
Si no se altera la matriz actual, la proyección es clara: Cepeda se mantendrá en su rango, con alta probabilidad de pasar a segunda vuelta, pero sin expansión significativa que le permita ganar la presidencia.
Paloma continuará absorbiendo votos de derecha, indecisos y parte del centro, con posibilidad de liderar la primera vuelta. El sistema, entonces, tiende a una convergencia asimétrica: un candidato estable frente a otro en expansión.
La única forma de romper esa tendencia sería modificar las variables: reducir el rechazo de Cepeda, construir alianzas amplias y activar un nodo progresista capaz de atraer indecisos.
De lo contrario, la cadena seguirá su curso. Y en política, como en los sistemas probabilísticos, no gana necesariamente el más fuerte, sino el que mejor interpreta las transiciones.
De manera, que para frenar ese ascenso, es necesario que se constituya un amplio frente progresista en una eventual segunda vuelta.