Covid-19: ¡Cartagena se derrumba, y el alcalde de rumba! (I)

¡CARTAGENA SE DERRUMBA!

Cartagena se derrumba. Al terminar la Donatón con el gobernador Vicente Blel, William Dau se fue de rumba en el muelle del centro de Convenciones.

¡Cartagena se derrumba, mientras el alcalde se va de rumba! Esta es la nueva situación que soportamos en la Heroica. Según las autoridades sanitarias, al final de este mes, podría sobrevenir un pico de contaminados y muertos por la propagación del virus. Los centros hospitalarios están a punto de colapsar.

Mientras tanto se refleja la incompetencia y la corrupción político—administrativa del alcalde William Dau Chamatt, quien no sabe dónde está ni para dónde va. Muchos veedores ciudadanos le están pidiendo al procurador Fernando Carrillo que lo suspenda por sus irregularidades.

El alcalde de rumba, Cartagena se derrumba

Cartagena se derrumba, el alcalde se va de rumba. A veces se pierde y después aparece pidiendo perdón por sus equivocaciones. Por menos, la Procuraduría suspendió a la alcaldesa de Sucre-Sucre, María Elvira Mercado. ¿Qué dice Fernando Carrillo?

El primer momento grave de la pandemia, fue el pasado fin de semana. La primera vez que llegamos a más de 90 contaminados día. ¡Mientras Cartagena se derrumba, el alcalde se va de rumba! ¿Es un giro lingüístico del periodista para adornar la nota? ¿Es cierto esto? Literal. Cierto. La verdad. ¿Lo duda?

El viernes 8 de mayo, el alcalde Dau estaba de rumba. Bailaba como embalado en el centro de convenciones, mientras en el Hospital Universitario del Caribe (HUC), jóvenes médicos trataban de salvar más pacientes Covid—19. Ese día murieron 4 personas y se llenaron las 14 camas UCI. Cuando vi al acalde moviéndose como si estuviese drogado y bailando champeta, mi corazón se arrugó y sentí una pena. Se me encharcaron los ojos. Pensé en el dolor de los familiares. Los muertos son incinerados sin que su gente amada lo despida.

Si, mi corazón se arrugó. Sentí dolor, y culpa. Todo lo que hicimos para que Cartagena despertara no fue suficiente. ¿Cómo es posible que la ciudad soporte a un gobernante de esta especie? ¿Cómo fue elegido? ¿Será que los gobernantes se parecen a sus electores? ¡Cartagena se derrumba! La inocencia de algunos líderes políticos y de la gente los llevó a apoyar a un farsante.

Por esa razón, la carta del veedor ciudadano Héctor Segundo Pérez Fernández cobra validez. Le solicita al procurador Fernando Carrillo que suspenda provisionalmente al alcalde William Dau Chamat. Y Pérez Fernández alega 7 razones para hacer esa solicitud. Menciona algunas: contratación con evidente sobrecostos del Covid, la APP Cuidemonos, el informe de la Contraloría Distrital, la medida de intervención de la Contraloría General, el maltrato a concejales, maltratos a mujeres (Lia Margarita Muñoz, Dina Coneo, etc), entre otras.

Se derrumba el sistema sanitario

www.voxpopuli.digital conversó con diferentes funcionarios de entidades hospitalarias de la ciudad para ver como Cartagena se derrumba en términos sanitarios y sociales. El común denominador señala que existe mucha improvisación de parte de la administración distrital. Entre tanta, las camas hospitalarias las están copando los pacientes Covid—19. Por ejemplo, HUC, Clínica Blas de Lezo, Clínica de El Bosque, Gestión Salud, entre otras.

Una cosa decía el saliente director del DADIS, Álvaro Fortich Revollo, y otra la que dice el alcalde Dau Chamat. ¿A quién creerle? Póngale la firma, a Fortich. Dau demostró que es mitómano ¿y toxicómano?

Por ejemplo, en marzo, en reunión realizada con Fortich Revollo, se acordó invertirle recursos al Hospital Universitario del Caribe (HUC), habilitar dos pisos para Covid—19, adecuar la zona UCI, dotarlo de más camas con el fin de atender la pandemia. Posteriormente, el autodenominado Tractor hizo la reculada del ovejo y le dijo a sus colaboradores: «no voy a meterle plata a un hospital que no es mío».

La ignorancia de Dau

Pero la ignorancia es atrevida. El 80% de la población que atiende el HUC y más del 90% de los pacientes COVID—19 es de Cartagena. Si bien es cierto que este centro hospitalario tiene participación de la gobernación y de la Universidad de Cartagena, no es menos cierto que el Dadis juega un papel importante en su dinamismo. Primero. La mayor población que no está asegurada y la venezolana se atienden en su mayoría en el HUC. Segundo. El DADIS, a pesar de que le debe más de 6 mil millones, no le paga.

La posición del alcalde no solamente refleja ignorancia sino que confirma su perversidad y falta de sindéresis al momento de ponderar las necesidades públicas. Este pensamiento saboteó las decisiones asumidas por el director del DADIS para favorecer al hospital. Recordemos que Fortich es profesor especializado de la Universidad de Cartagena y fue delegado para trabajar en el HUC y lo conoce muy bien.

¿Qué ocurrió? Hoy, el centro hospitalario tiene el 80% de sus camas ocupadas por COVID, según su director Felipe Aguirre. La demanda diaria aumenta. Pero llegará un momento que la tasa de desocupación hospitalaria con la demanda se nivelará y vendrá el déficit hospitalario. Esto es lo que se teme. Tanto como las predicciones indican que el pico está comenzando y podría llegar a su punto alto a finales de mayo.

La situación es grave desde el punto de vista sanitario. El pasado fin de semana los muertos del HUC aumentaron. Es lógico, puesto que al crecer la tasa de contaminados, aumenta la tasa de letalidad. Según fuentes médicas de urgencia, el número de pacientes se triplicó. Esto puso en aprieto al personal sanitario que se vio en dificultades para atender a sus pacientes. Los insumos escasearon. No había aparatos de oxigeno para los que tenían mayores dificultades.

Desorden social

Cartagena es una ciudad compleja. Caótica. Desarrollo desigual y combinado. No hay cohesión social. Mucho menos orden social. Pero este fenómeno se agudizó con la improvisación del Tractor que cayó en un hueco profundo sin poder salir. Fueron errores elementales. Pero fundamentales para la contención de la expansión del virus. Lo que vivimos hoy, y lo que viviremos en los próximos días, es resultado de la negligencia, ignorancia e improvisación del gobierno Distrital.

Veamos por qué razón Cartagena está sitiada por el Covid-19:

Existía un divorcio entre las directrices del director del DADIS, Álvaro Fortich Revollo y las medidas asumidas por el alcalde Dau Chamatt. Mientras Fortich contaba con la asesoría de epidemiólogos y virólogos,  el Tractor tenía como supra—asesoras (por encima de todos) a un equipo de mujeres: Cynthia Amador (que pasa pegada a su teléfono), Lidys Ramírez, Ana María González, la cerebro de casi todas las decisiones de la primera autoridad y la que decide la contratación del Covid—19.

A Dau le gusta el chisme. Le encanta cuando la trinca le habla al oído y le dice «fulano es malandrín». Él siente como un orgasmo cuando le vienen a decir un chisme. Pero la gravedad de las asesorías que recibe Dau es que la trinca que lo rodea (Amador, Ramírez y González) le hablan al oído. (No entiendo cómo Lidys Ramírez se le volteó a Fortich, si éste llegó al cargo con el apoyo, entre otros, de su esposo Fernán Fortich Palencia).

Fortich Revollo podía durar dos horas explicándole a Dau la necesidad de tomar una decisión coherente. Pero, en menos de lo que canta un gallo, la trinca lo hacía cambiar de idea.

Por esa razón, William Dau Chamat se equivocó tres veces con los pico y cédula. Copió el pico y género sin estudio previo de la demografía de la ciudad. Ésta es distinta a la de Bogotá. Tampoco allí se demostró que fue una medida acertada.

La recocha de Dau

La recocha de Dau dejó una estela de muertos del Covid—19. Cartagena posee la tasa de mortalidad más alta de todo el país. Es de 4.2 muertos por cada 100 mil habitantes. Ni siquiera Bogotá. En la capital la espiral alcista fue controlada. Si bien tiene el mayor número de contaminados y muertos, la tasa de letalidad solo es del 2.2 por cada 100 mil habitantes.

El pico y género fue de cuatro (4) dígitos. Debió ser de dos (2). Esto permitió que hubiese más personas en las calles y en los centros bancarios y comestibles. Las filas para entrar a los supermercados fueron inmensas. Es decir, que el desorden social lo comenzó la misma administración local.

Como el alcalde reculó varias veces con el pico y placa, creó incertidumbre, desconfianza y falta de credibilidad. Esto llevó a la población a tomar las cosas «folclóricamente» como si fueran las fiestas novembrinas. Todo fue una recocha.

Las ayudas Humanitarias

Otro de los grandes errores de la administración de Dau fue la falta de orden en la distribución de las ayudas humanitarias. Esto ocasionó aglomeraciones en los barrios populares de la ciudad. En El Pozón, por ejemplo, las ayudas no fueron coordinadas. La distribución de los alimentos del PAE también provocaron desorden social.

Pero lo que empujó realmente a la gente a las calles fue la falta de ayudas humanitarias. Si tenemos más de 200 mil hogares en estratos 1, 2 y 3, sabemos de antemano que 65 mil mercaditos no cubre ni el 50 por ciento de los necesitados. Ahora son ayudas muy limitadas que solo alcanzan para una semana, a lo sumo, dos.

Si observamos que las diferentes empresas prestadoras de servicios públicos tienen una big data por estrato, era fácil que el alcalde tomara una decisión acertada al respecto. Se hubiese distribuido el mercado a través de un conjunto de instituciones especializadas en estas necesidades (Cruz Roja, Defensa Civil, Asojac, Bomberros, etc).

Sin embargo, el querer controlar todo y la desconfianza creciente del alcalde en las comunidades organizadas, llevó a un fracaso en la distribución de las ayudas. Aquí la administración demostró el desconocimiento del principio de complementariedad. Este principio debe dar sus frutos cuando se necesita el concurso de todas las instancias oficiales para atender una emergencia de las características del Covid—19.

Cartagena se derrumba por la corrupción

Sin lugar a dudas, la Heroica está sitiada nuevamente. Ya no solo por la clase política y empresarial que la ha sometido a la dictadura de la corrupción política-administrativa sino también por la neocorrupción. Este nuevo régimen, que nos prometió luchar contra este flagelo, lo que ha hecho es «quitate tú pá ponérme yo».

Observamos una neocorrupción de una clase de tecnócratas de la política, la cual es liderada por William Dau. Tiene la asesoría directa de la politóloga Ana María Gonzaléz, una oportunista que se aprovechó de la ignorancia y la pobreza de muchas poblaciones afros como Puerto Badel y Rocha del municipio de Arjona. Y allí podemos contar a la politóloga Diana Martínez Berrocal.

Literal. Mientras Cartagena se derrumba, el alcalde se va de rumba. Hoy, las estadísticas nos vuelven a golpear. Mi corazón se vuelve a arrugar. Hoy, son 6 muertos. Llevamos 61. ¿Comenzó el pico?

Si el procurador Carrillo no actúa. Si el fiscal Francisco Barbosa se convierte en un espectador más de la corrupción de alias el Tractor. Si el contralor Carlos Felipe Córdoba no le hunde el acelerador a las investigaciones por los sobrecostos de la contratación del Covid—19. Cartagena se derrumbará. Solo le pediremos a Dios que se apiade de esta ciudad que fue heroica en la época de Amador, Gutiérrez de Piñeres y demás mártires de la independencia. ¡Salvemos juntos a Cartagena!

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