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En Cartagena la revocatoria es un hecho revolucionario

Por Lucio Torres
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Querida Cartagena:

Cerca de 70 mil firmas entregadas.

Hombre perdido, ¿quién se arriesgará?

Aquel que ya no pueda soportar

su miseria, que se una a los que luchan

porque su día sea el de hoy

y no algún día que ha de llegar.

Bertolt Brecht frente al facismo.

En Cartagena la revocatoria contra el alcalde William Dau es un hecho revolucionario. Es una Revolución contra un alcalde de derecha inepto apoyado por líderes de una izquierda decadente y arrodillada. Pero no se trata de quitar un alcalde. No. Se trata de quitar del poder a dos élites políticas caídas en una decadencia moral enquistadas desde hace 30 años. Se pretende crear un Nuevo Pacto Social. Esta propuesta fue inscrita en enero como Pacto Heroico. Porque la moralidad no es de izquierda ni de derecha. La moral y la ética están constituidas por la substancia del Ser. Cuando existe una contradicción entre la moral y el Ser, debemos inclinarnos por la substancia. 

La revocatoria contra un gobierno de derecha y de extrema izquierda corrupta.

La entrega de casi 70 mil firmas a la Registraduría Nacional para revocar a un mandatario es de por sí un hit ciudadano. Es un hecho cívico que se convierte en un hecho revolucionario que amenaza la continuidad de esas élites que se han envejecido junto con la ciudad. 

Son 70 mil personas que desean cambiar el panorama de la Cartagena La Heroica. De acuerdo con la exigencia legal, solo se necesitarían 34.272  firmas válidas, esto es, que no tengan ninguna tacha. A partir de esta entrega, el proceso de revocatoria pasa a manos de la Registraduría y del gobierno nacional para la verificación de los apoyos. Si se cumple con ello, deben convocar las elecciones donde se decidirá la suerte del alcalde. 

Cartagena Revoca

Aquí vive Miryurys Espitaleta, una de las integrantes del Comité Cartagena Revoca. Cortesía.

Como ustedes saben, este periodista es el vocero del Comité Cartagena Revoca integrado por varias mujeres: Miyurys Espitaleta, Marelbis Sheck, Luisa Diaz y Yina Paola Castillo. Todas ellas están dedicadas  a sus actividades cotidianas como mujeres. No son militantes de nada. Unas adultas y otras muy jóvenes. Son mujeres comunes y corrientes que trabajan o estudian. Pero tienen un lugar común: están cansadas de sufrir los problemas públicos que padece la ciudad donde viven.

Miyurys Espitaleta vive en Pantanos de Vargas, al suroriente de la ciudad. Vive en la pobreza. Los servicios públicos domiciliarios son deficientes. Las calles son intransitables. Tienen muy poca oportunidad de movilidad social, es decir, subir de nivel económico o social. Son habitantes que, en su mayoría, creen que vivir una situación de pobreza y carencia es algo normal. Periódicamente reciben visitas de políticos que en épocas electorales se acuerdan de ellos simplemente para obtener su voto. Es un mercado electoral clave para los políticos profesionales. Ellos no creen en sus discursos, pero les llama la atención el dinero que les promete por su voto. Otros esperarían «un trabajo» del político si llegan al poder.

Mujeres sin feminismo

Respecto a Marelbis Sheck no es ninguna feminista. Debemos decir que fue una de las líderesas que puso al descubierto la situación de mayor vulnerabilidad del adulto mayor en el barrio España donde está domiciliada. Las evidencias que presentó también sirvió para el debate de control político que terminó con la moción de censura del secretario de Participación Ciudadana de Cartagena, Armando Córdoba Julio. También  viene denunciando la forma irregular cómo se presta el Programa de Alimentación Escolar (PAE) a los niños más pobres de la ciudad.

Luisa Díaz y Yina Paola Castillo son estudiantes de la Universidad de Cartagena que creen en un cambio de frente de su ciudad. Son mujeres que no se dejan llevar por el pensamiento dominante. No se resisten a la situación, la aceptan para diagnósticarla, comprenderla y transformarla. No se dejan llevar por el espejismo de los farsantes como aquel que prometió «salvarnos» y nos ha llevado al despeñadero. 

periodismo antipoder

El 8 de noviembre entregamos las casi 70 mil firmas.

Este servidor no ha hecho nada distinto que defender los derechos humanos de la gente. Ya como ciudadano, ya como periodista e investigador social. Cada análisis que hacemos nos guiamos por el interés colectivo y no el interés particular. Rompo paradigmas. Me gusta ser disruptivo. Cuestiono lo existente y hasta mi propia conducta cuando ella no va en sintonía con los principios éticos que estructuran mi carácter. La clave la descubrí hace rato. Descubrí que el periodismo no debe ser guiado por ideologías de ninguna clase. Un periodismo si está determinado por las ideologías o un interés particular económico o de otra índole, está condenado a ser un instrumento de perversión del poder. El periodismo debe ser antipoder y no una prolongación de él. Cuando la democracia se debilita y aparece el tirano, este busca controlar a los medios y al periodismo. Es la principal víctima de la tiranía.

Esa es otra razón. Cuando un periodista cambia de frente, cambia la ciudad y la sociedad. Cuando los medios de comunicación, y las principales vacas sagradas del periodismo le comenzaron a dar voz a los jóvenes de la 7a Papeleta, produjo una nueva constitución. Pero el país no cambió. Hubo libertades novedosas, pero en esencia la nación siguió igual.

Si en Cartagena y Colombia los periodistas y medios de comunicación seguimos atados al pasado y al statu quo ¿qué cambio pretendemos obtener? Me da tristeza que periodistas se arrodillen a los que tienen el poder político y menosprecien a la ciudadanía que necesita participar para cambiar. 

«Salvemos a Cartagena» o ¡matar a Cartagena! 

La revocatoria es un hecho.
Viendo a Dairo Bustillo firmando el acta de entrega de casi 70 mil firmas.

Por esa razón nos metimos en el proceso de revocatoria y constituimos el Comité Cartagena Revoca. Queremos sacar de la ciudad a un alcalde carroñero, digno del fondo buitre (Black Stone) al que está matriculado. En octubre de 2019 dijimos que en Cartagena se vino a posar «un buitre que espera que el moribundo se muera para caerle a picotazo». En octubre estuvo en Nueva York vendiéndole la ciudad a Black Stone, mientras Cartagena era víctima del dengue y la inseguridad. Hace más de dos años regresó con el sofisticado nombre de «Salvemos a Cartagena» para disfrazar su verdadera intención: ¡matar a Cartagena! 

¿Quién nos salvará? ¿El buitre carroñero? No, la salvación es un acto de cada uno de nosotros, de todos;

O todos o ninguno. O todo o nada.

Uno sólo no puede salvarse.

O la liberación o las cadenas.

O todos o ninguno. O todo o nada.

Por todo lo anterior, mi querida Cartagena, queremos la liberación de la ciudad de la peste de la corrupción, la desidia y de la inutilidad de gobernantes farsantes. La liberación es un acto individual, pero al mismo tiempo se convierte en un acto colectivo cuando entendamos esta frase: «O todos o nada. /Uno solo no puede salvarse».

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