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Padauí: una despedida en soledad y en clave de Covid-19

Por Lucio Torres
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Padauí: una despedida en soledad y en clave de Covid-19. Aquí con las mujeres de su movimiento. /Cortesía.

Hernando Padauí, una despedida en soledad y en clave de Covid-19. Las propiedades, el dinero acumulado y los conflictos se extinguieron con la muerte. Cuando llega la parca, el ser humano pasa a otra dimensión. Se transforma en energía. Ya sea en forma de cenizas o de un cuerpo que se desintegra para reencontrarse con la Madre Tierra. Se hace polvo. Solo los recuerdos, la memoria y la imaginación de ese cuerpo ya muerto, sobreviven para siempre. Todo se se desvanece. ¿Quién llorará por ti cuando te mueras? ¿Cómo te recordarán?

Esos recuerdos —la memoria individual y colectiva del ser— es más importante que las riquezas acumuladas y las guerras ganadas. ¿Qué principios practicaste? ¿Le serviste a la vida? ¿Te dejaste llevar por ese falso yo que anula tu verdadero ser hasta el punto de hacerle daño a los demás?

En estos tiempos de Covid—19 se nos han ido familiares y amigos. En Barranquilla se nos murieron dos familiares en una semana, madre e hijo. La tercera ola no respeta edad ni condición social. Hernando Padauí Álvarez solo tenía 52 años. ¿Acaso no eran los sesentones para arriba las víctimas fatales del coronavirus?

El pésame del gobernador

 El gobernador de Bolívar Vicente Blel sintió profundamente su partida, como en general muchos de sus amigos y rivales políticos. Sentía temor, mucho temor por las muertes y la alta tasa de ocupación de camas UCI por el coronavirus. Hernando Padauí Álvarez, el popular «Picho» Padauí, fue representante a la Cámara, alcalde de Magangué, secretario de gabinete departamental. Actualmente era diputado.

Padauí: una despedida en soledad

Ya se cumplieron los funerales de Padauí. Amaba la vida. Le tenía mucho miedo a la muerte. Su último discurso de control político giró en torno a la desidia del alcalde de Cartagena para contener la curva ascendente del Coronavirus. También lo hizo en los medios de comunicación de Cartagena, como en el noticiero de Mauricio Pornoy. Su frase fue contundente en la última intervención en la Asamblea de Bolívar.

«Para los problemas de las instituciones oficiales hay solución, pero para la muerte no hay solución».

Se fue Paduí. Los funerales más solitarios para un dirigente político que movió a muchas personas. Jorge Benedetti, quien sucedió en la curul a Hernando Padauí, se refirió así a su muerte.

La primera vez que se salvó de la parca

Hernando Padauí sintió que una vez se escapó de la parca cuando en Magangué comenzaron a matar a reconocidas personas entre el 2003 al 2007.

La primera vez que sintió la muerte encima fue cuando salió a las volandas de su natal Magangué para los Estados Unidos. Se instaló en Miami. No encontró otro oficio para sobrevivir sino como «valet parking». Es un oficio que generalmente hacen inmigrantes latinos. Se refiere a la persona que acomoda los vehículos de los clientes. ¿Por qué Nando Padauí se fue? Ahora se lo cuento.

En una reunión propiciada por el empresario Enrique Carlos Posada, hijo de mi colega Martha Gutiérrez, «Picho» me recibió con los brazos abiertos 25 años después que lo conocí.

La última vez que lo vi fue hace dos meses. Nos saludamos a la entrada de la Notaría Segunda de Eudenis Casas. Estaba con su mamá Estella Isabel Álvarez de Padauí. Nos saludamos con cariño.

Padauí, una despedida en soledad y en clave de Covid-19

Ya el cuerpo de Padauí no existe. Se desvaneció. Fue una despedida para siempre y en soledad. Pero quedan sus recuerdos.

En 2018 había publicado varias notas sobre su actividad política luego de tres períodos en la Cámara de Representantes. Por supuesto, lo publicado podría enfadar a cualquier político. Incluso, lo podría llevar a reaccionar violentamente.

Sin embargo, esa noche «Picho» Padauí Álvarez cenó conmigo. Si estuviera en Magangué hubiéramos pedido bocachico en salsa criolla. Como estábamos en el Laguito, solicité camarones gratinados. Hicimos el pedido. En ese lapso que va entre hacer el pedido y la mesa, me dijo:

«Viejo Lucio, quiero que me conozca bien. Ahora no estoy en son de pelea. Aprendí en esta vida política que uno no debe sentir odio ni rencor. A mí me iban a matar después de haber dejado la alcaldía. Dejé todo. A mis amigos que firmaron contratos de concesión con la alcaldía de Magangué les dije que entregaran eso. Que es mejor vivir».

¿Por eso te fuiste para Miami? —Le pregunté.

«¡Sí! Viejo Lucio. Fue duro. Para sobrevivir me empleé de «valet parking». Yo había sido alcalde, pero eso no me importaba. Una vez llegó al negocio un conocido mío de Colombia, no quiso creer que estaba de «valet parking». Le dije «no seas marica, dame esas llaves que te voy a acomodar tu carro en el parqueadero. Tú verás si me quieres dar la propina».

Ese era Nando Picho Padauí Álvarez. Decía lo que pensaba.

Nando, el empático

Sentí una empatía humana cuando me contaba esa historia. Mis diferencias con él quedaron agotadas en esa frontera difusa entre la solidaridad y la admiración. Me hizo pensar que los seres humanos somos algo distinto al imaginario subjetivo. Tenía un preconcepto de su condición humana. Lo que los filósofos llaman juicios apriorísticos.

Me hizo poner en sus zapatos. ¿Cuántas veces a mí me han amenazado? me pregunté así mismo. ¿Cuántas veces mi familia ha perdido la calidad de vida por la persecución contra mí? ¿Cuántos sobresaltos tuvo mi madre Teresa Moreno por mi terquedad profesional? Cuando «Picho» me relataba de su huida a Miami, me hizo recordar las tres veces que salí huyendo de los que dieron la orden de matarme.

En Barranquilla (1999) estaba en la lista de muerte de Rodrigo Tovar Pupo, alias «Jorge 40». Me hizo regresar a Cartagena. Pero mis amigos asesinados no pueden contar su propia historia. Los que somos desplazados forzosamente sabemos lo que es vivir en esas condiciones. Pero eso fue algo transitorio, dado a mi capacidad de sobreponerme a los golpes. Sé lo que es resurgir de las cenizas. Tres veces lo he hecho. Se necesita mucha resiliencia.

Tenía frente a mí a un ejemplo. Vestía una camiseta blanca de algodón, vaqueros clásicos desteñidos, mocasines de cuero sin media. Una figura esbelta. Él hablaba, yo le escuchaba atentamente. De vez en cuando se acomodaba sus lentes de marcos negro.

El resurgir de Padauí con Daira Galvis

Daira Galvis, quien también tiene Covid-19, fue la protectora de Picho Padauí. Padauí: una despedida en soledad./Cortesía

Me contó que en su regreso a Colombia las cosas las tuvo bien dura. Buscó apoyo en Daira Galvis Méndez, la senadora de Cambio Radical. Me dijo que le agradece mucho por lo que hizo por él. Encontró nuevos desafíos. Entró a ocupar otro cargo público en el departamento y luego se hizo elegir representante a la Cámara de la mano de la senadora Daira. Fueron tres períodos. Y se dio el lujo de renunciar en 2018 para lanzarse como candidato a la gobernación en 2019. Estaba seguro que iba a ser el gobernador.

En ese año me volví a ver con él en una cevichería de la avenida San Martín de Bocagrande. Allí estaba Fejed Alí, quien también buscaba apoyo para ser candidato a la gobernación. Tres magangueleños estábamos en ese reducido espacio de la cevichería donde solía ir. Luego, «Picho» y yo hablamos. Me contó que había avanzado mucho en su candidatura. Tanto es así que en esa semana renunció a su curul en la Cámara de Representantes. Quería retirarse de la política activa como gobernador. Pero no le creí.

En ese entonces el establecimiento político todavía no había definido su candidato. Vicentico Blel aparecía como el rival más fuerte, porque Fejed solo podría tener el respaldo de Dumek. Le dije que su rival era un muchacho con carisma. Noble. Y lo veía moverse en el ámbito parlamentario buscando apoyo. Dos veces me había encontrado con Vicentico en Bogotá. Es un muchacho agradable, le dije. Y podría tener el respaldo de Dumek Turbay y de todo el establecimiento político que le dio la victoria hace 4 años al gobernador.

«Tienes razón Lucio. Pero Vicente tiene un punto débil que no es él. Pero la gente lo va asociar con su padre. En ese caso yo tendría menos resistencia. Por supuesto no sería capaz de atacarlo por ese lado». Yo lo aprecio como a Fejed.

Un punto débil

Si hablamos de puntos débiles, le pregunté ¿que vas a hacer con el Cartel de la Toga si tú eres amigo de Gustavo Moreno, el ex zar anticorrupción?

Se quedó pensando por tres segundos.

«Es amigo. Lo conocí cuando él estaba mondao. Me pidió que lo ayudara con los libros que había publicado y las conferencias. Es un muchacho inteligente y preparado. Pero yo no tenía la influencia política para que lo nombraran en ese cargo. Eso fue una decisión de los hermanos Vargas Lleras. Son los que mandan en Cambio Radical con los Char. Gustavo (Moreno) y Néstor Humberto Martínez tuvieron el respaldo de Enrique Vargas».

Dicharachero. Efusivo. Temperamental pero noble y humano. Mamador de gallo. Inteligente y sagaz. Astuto. Trabajador incansable. Mujeriego. Era un político que no trataba de imponer sus ideas. Más bien, buscaba ser empático.

Después de ese diálogo que sostuve con «Picho» Padauí aprendí que, como periodista, uno debe aprender a escuchar, incluso, al que cree que es corrupto. Me gustó su sinceridad. Algunos de los jefes políticos no le tenían confianza, porque prometía más de lo que hacía. Y por eso perdió la gobernación frente a Vicente Blel Escaf. Creo —y esto es una presunción— que  Nando Padauí tenía la oposición de William Montes Medina.

Para todo hay solución menos para muerte

«Picho» Padauí había cambiado mucho en el último tramo de su vida. Atrás habían quedado más de 50 procesos judiciales en su contra, disciplinarios y fiscales. Su vida él mismo la había vuelto cuadritos por su mala cabeza o por desconocimiento en la etapa inicial de su carrera política.

Como fue segundo en las elecciones a la gobernación, tuvo el derecho de ocupar una curul en la Duma departamental. En la última intervención política como diputado fue contundente contra la ineptitud del alcalde William Dau Chamat. Fue enfático en señalar que el gobierno distrital ha sido incompetente para mantener a raya el virus en la ciudad. 

Se fue Picho Padauí Álvarez. Si Vicentico no se le hubiese atravesado, fuera el gobernador de Bolívar. Pero la energía universal lo llevó a otra circunstancia. Ningún gobernante, en pandemia, ha salido boyante para controlar este bicho. Un bicho que nos ha hecho recordar que «polvo eres y en polvo te convertirás». ¿Quiénes llorarán por Picho Padauí? ¿Cómo lo recordarán?

Segunda entrega: «Para todo hay solución, menos para la muerte».

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